domingo, 21 de diciembre de 2025

PREFIGURACIÓN DE LA IGLESIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

 


La realidad de la Iglesia como Comunidad de creyentes en Cristo precede a la reflexión teológica que se ha realizado sobre ella misma posteriormente. La iglesia primitiva ofrecía a sus miembros una imagen determinada antes de que pudiera quedar reflejada en los escritos del Nuevo Testamento, junto a los testimonios de su existencia, comprensión y las expresiones de una reflexión creyente que, posteriormente, nos han permitido trazar una imagen de la Iglesia de aquellos días y que es la que encontramos en tratados y estudios de distintos tipos.

¿Cómo se entendía la iglesia a sí misma en aquellos momentos en que surgió? Es indudable que la iglesia de Cristo es una realidad del Nuevo Testamento. La entrada del Mesías en la historia de la salvación presupone la realización del misterio del Verbo hecho carne y de su misión salvadora en el mundo junto con la efusión del Espíritu Santo. 

Pero la revelación del misterio cristiano se ha realizado en el curso de la historia de la salvación con lo que podemos decir que la Iglesia de Cristo ha sido prefigurada y preparada en la existencia del pueblo de Israel; entonces, antes de entrar a analizar los escritos del Nuevo Testamento vamos a ver los del Antiguo Testamento para señalar los puntos de la prefiguración de la Iglesia que en él se contienen.

Los primeros cristianos se consideraron descendientes de Abraham y de los patriarcas, herederos de la alianza con el pueblo elegido. Sin embargo, la Iglesia nace del eterno designio de Dios y hunde sus raíces más allá del pueblo elegido. En la Constitución Dogmática Lumen Gentium se dice que la Iglesia no ocupa un espacio más o menos extenso en la historia de la humanidad sino que la abarca en su totalidad, desde Adán hasta el último elegido. La iglesia es la humanidad llamada a una especial comunión con Dios mediante una misteriosa participación en su vida divina en el seno de la Trinidad (Lumen Gentium, 1). 


Dios ha realizado unos gestos extraordinarios entre los que podemos destacar tres: el pacto inicial con Adán y Eva, la alianza con Israel y el nuevo pacto con el nuevo pueblo de Dios. Este último pacto no cancela los dos primeros sino que los presupone, los ratifica y completa. Y los dos primeros prefiguran y preparan el tercero,  la voluntad de Dios de hacer a la humanidad partícipe de su propia existencia. El hecho de que haya varios pactos fue necesario a causa de la desobediencia de Adán y Eva y de la infidelidad de Israel. 

En las próximas entradas dedicaremos un espacio a los dos primeros pactos para poder entenderlos mejor y llegar a una mayor comprensión de la Iglesia en los momentos en que surgió. 

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