Tercera parte. Cuarta parte. Quinta parte.
Marcos menciona dos grupos de seguidores: los discípulos y los Doce. Son dos grupos que están relacionados pero el evangelista los separa; los discípulos son un grupo muy amplio y de este grupo fueron elegidos los Doce.
Ambos grupos tienen características comunes. Están al servicio del Reino; han sido llamados para seguir a Jesús, con lo que se han identificado con su misión al servicio del Reino y a estar unidos a Jesús y también entre ellos. Forman una fraternidad que viene a ser un signo de lo que Jesús pretende.
La segunda característica es el conocimiento que tienen de Jesús: todos tienen que aprender del Maestro al que siguen; tienen que reconocer a Jesús como Mesías enviado por Dios y también deben conocer que Jesús es el Hijo de Dios, la divinidad de Jesús. A este segundo objetivo no pudieron llegar durante el ministerio público de Jesús.
El grupo de los Doce tiene unas características propias. Son un signo especial que revela el que Jesús se presenta como Mesías. Han sido llamados de manera libre sobre todo para estar con él y también tienen una misión especial; son testigos y enviados especiales, que comparten la misma misión de enviados a proclamar el Reino. Entre los Doce hay aspectos positivos y negativos; aquí se ve que personifican tanto lo que se ha de hacer por parte de todos los discípulos como lo que se ha de evitar. Han recibido una tarea especial que la realizan en virtud del poder que Jesús les ha dado.
Pedro, Santiago y Juan aparecen en el Evangelio de San Marcos como prototipo de los Doce. Son testigos de Jesús con unas experiencias especiales, como la transfiguración o la oración en Getsemaní, pero no van a terminar de comprender tampoco, al igual que el resto y huirán al final.
Pedro ocupa un lugar preeminente entre todos los discípulos. Después de Jesús, es la persona más relevante en el Evangelio de San Marcos. Aparece como portavoz y representante del grupo manifestando lo que hacen o piensan los demás. Se observa que el comportamiento de Pedro se puede entender a veces como positivo y en otras ocasiones como negativo.
Mediante la presentación de los discípulos, San Marcos ofrece su visión de la Iglesia como realidad escatológica porque nace como signo del Reino que ya ha comenzado con la actividad de Jesús y tiende a la salvación por medio de Jesucristo. Es también una realidad cristológica donde Jesús es el que llama a formar parte de ella y consiste en seguirle como discípulos, en convertirse en su familia haciendo la voluntad de Dios. Igualmente es una realidad misionera porque, por una parte la iglesia significa la presencia del Reino y por otra parte ha de ser testigo y colaborar con la obra de Jesús dando testimonio con palabras y obras.


