El período de la escolástica se desarrolló durante la Edad Media, principalmente entre los Siglos IX al XIV. Tuvo varias etapas: una primera o temprana, otra de apogeo en el Siglo XIII y la tercera de declive con el surgimiento de la filosofía moderna.
La cristología de la escolástica se caracteriza por una profundización de la doctrina tradicional sobre Cristo mediante el recurso a las categorías aristotélicas.
Después del Concilio de Constantinopla III no se encuentran intervenciones de valor; las reflexiones se habían estancado. Surgió una vuelta a la teología de los misterios de la vida de Jesús pero la lectura del Nuevo Testamento realizada según los criterios de la época carece de perspectiva histórica y comienza a apreciarse la preocupación por un modelo más sistemático.
Mientras que en el periodo de la Alta Edad Media la teología consistía predominantemente en la lectura de la Biblia (lo que se llamó la lectio divina), el estudio de los documentos conciliares y los escritos de los padres, posteriormente se va a proceder a una profundización filosófica de la enseñanza de siglos anteriores. Esa profundización la realizarán algunos teólogos mediante la pura razón mientras que otros lo harán con la razón iluminada por la fe. El equilibrio se conseguirá en el periodo de la escolástica cuando se generalice el recurso al segundo procedimiento y se desarrollará también la preocupación sistemática que llevará a intentar una exposición orgánica de la cristología.
Esta preocupación sistemática había aflorado ya en Oriente en el siglo VIII con San Juan Damasceno. Él recapituló la enseñanza cristológica de la tradición ampliando el marco a la historia de la salvación pero en esta teología oriental no se dio una evolución paralela a la de la escolástica sino que habrá un estancamiento que durará hasta el siglo XIV.
En Occidente la doctrina sobre la identidad de Cristo no experimentó un desarrollo sustancial; se profundizó la doctrina de la redención, la del conocimiento humano de Jesús y el motivo de la Encarnación. Destacarán las figuras de San Anselmo y Santo Tomás de Aquino , de las que trataremos más adelante.

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