En esta entrada anterior tratamos el tema de los pactos, una serie de gestos extraordinarios que Dios ha realizado para el nacimiento de su Iglesia, que hunde sus raíces más allá del Pueblo elegido.
El primero de ellos es la creación. En el número 2 de la Constitución dogmática Lumen Gentium, sobre la Iglesia, se dice que "el Padre Eterno, por una disposición libérrima y arcana de su sabiduría y bondad, creó todo el universo, decretó elevar a los hombres a participar de la vida divina, y como ellos hubieran pecado en Adán, no los abandonó, antes bien les dispensó siempre los auxilios para la salvación, en atención a Cristo Redentor, que es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura (Col 1,15). A todos los elegidos, el Padre, antes de todos los siglos, los conoció de antemano y los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que éste sea el primogénito entre muchos hermanos (Rm 8,29). Y estableció convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza constituida en los tiempos definitivos, manifestada por la efusión del Espíritu y que se consumará gloriosamente al final de los tiempos. Entonces, como se lee en los Santos Padres, todos los justos desde Adán, desde el justo Abel hasta el último elegido, serán congregados en una Iglesia universal en la casa del Padre".
En este texto se explica cómo hay un pacto inicial entre Dios y la humanidad, pacto que es roto por el pecado de Adán. Posteriormente se dice que Dios no abandonó a la humanidad sino que la predestinó a ser conforme a la imagen de su Hijo y preparó la Iglesia en el Pueblo de Israel y la Antigua Alianza. Estos son los otros pactos o gestos de Dios, que completan el pacto de la creación, no lo anulan.
La participación en la vida divina no fue una imposición para la persona, sino que se da un acuerdo aceptado libremente: Adán y Eva debían abstenerse de comer del fruto prohibido (Gn 2, 15-16). El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y ha sido hecho libre y libremente acepta este acuerdo. Pero Adán y Eva no cumplieron su parte del pacto y tuvieron que alejarse del Edén perdiendo para ellos y para sus descendientes la comunión con Dios y el don de la inmortalidad.
En estos gestos de Dios con la humanidad se ve cómo Él quiere hacerla partícipe de su vida divina. Ante la desobediencia de Adán, Dios presenta otro pacto (en este caso al pueblo de Israel), al que el pueblo elegido responderá con infidelidad. Continuaremos tratando este tema.
Añado unas preguntas de reflexión y comentario a este pacto primero.
- Teniendo en cuenta el número 2 de Lumen Gentium, explica con tus palabras cuál era el plan de Dios con respecto a la humanidad.
- ¿Qué consecuencias tiene considerar la Iglesia como designio de Dios y no solo una institución humana?
- ¿De qué manera une este número el Antiguo y el Nuevo Testamento?
Relaciona este número de Lumen Gentium con la misión evangelizadora de la Iglesia.
Incluye, a modo de comentario, qué te aporta a ti personalmente esta visión de la Iglesia que ofrece LG 2, en la forma en que entiendes y vives la fe y tu manera de considerar a la Iglesia como institución.