La cristología de San Anselmo se centra en la actividad salvífica de Jesús: Jesús es Salvador y es Dios y hombre porque solo alguien que fuese Dios y hombre estaba en condiciones de salvar a la humanidad del pecado.
El punto de partida de su teoría de la redención es el pecado como ofensa contra Dios y que exige una reparación, que comprende o bien la satisfacción de la ofensa o un castigo. El hombre es incapaz por su finitud de reparar la ofensa a Dios con lo que debería padecer la pena, pero no es razonable que Dios deje que se pierda el hombre, de ahí la misión redentora de Jesús que puede reparar en lugar del hombre y puede ofrecer una reparación de valor infinito. Cristo ha llevado a cabo esta reparación; la ofreció libremente con su muerte y esta es la verdadera razón por la que Dios se ha hecho hombre.
Esta explicación de San Anselmo tiene aspectos positivos y negativos. Entre los positivos, destaca el que deja a un lado otras teorías que veían la redención como un rescate que Cristo debía pagar a Satanás para que éste renunciase a su dominio sobre la humanidad. Para San Anselmo, la reparación es debida a Dios. También el método de estudio es racional, apoyándose en razones sólidas e intentando demostrar racionalmente la validez de la enseñanza de la fe sobre la redención. Esto es una innovación de los procedimientos teológicos tradicionales; es la teología dialéctica, que parte de los datos de la fe e iniciará el desarrollo de la escolástica.
En la elaboración teológica de San Anselmo subyace la concepción cristológica tradicional: Jesucristo es el Hijo de Dios hecho carne, verdadero Dios y hombre y su naturaleza humana está unida a la divina en la única persona del Verbo. Se percibe también una relación entre cristología y soteriología.
Entre los aspectos negativos, la salvación parece centrada en la pasión y muerte en la cruz y no en el misterio Pascual en su integridad. Subordina la Encarnación a la redención del hombre al poner en primer plano el pecado y la necesidad de la reparación y con ello se pierde de vista la enseñanza de la revelación que explica la Encarnación por el designio de Dios de crear todas las cosas en Cristo y de realizar en él una salvación que va más allá de cualquier expectativa humana.
De cualquier forma, la reflexión de este autor se considera fundamental; su concepción centrada en el pecado ha tenido eco incluso en autores del Siglo XX.

