domingo, 28 de septiembre de 2025

EL ESPIRÍTU SANTO, COFUNDADOR DE LA IGLESIA

 


Llegamos a la última entrada de esta serie que hemos denominado "origen y fundamento de la Iglesia". Para que todo lo comentado en estas entradas sobre el origen y fundamento de la Iglesia sea realidad es necesario el don del Espíritu. Hay algunos autores que lo llaman el "cofundador de la Iglesia" porque ha actuado de una manera particular en la humanidad y en la vida de Jesús.

El relato de Pentecostés narra como el Espíritu prometido se derrama sobre los Apóstoles y también San Pablo explicará que la relación entre Cristo y El Espíritu hace posible la resurrección y la experiencia de la presencia vital del resucitado.

Con el don del Espíritu se realiza plenamente la revelación de Jesucristo, que pertenece a la Iglesia como el lugar de su eficacia y actualización; la fe cristiana ha destacado siempre una relación fundamental entre el Espíritu Santo y la Iglesia.

En la comunidad cristiana primitiva conducida por el Espíritu se realiza el paso decisivo del pueblo escogido a los paganos. Lo que anima a los apóstoles a dirigirse a los paganos es que la fe exige ser proclamada, la fe fundada en la salvación de Jesús relativizando las instituciones de Israel.

El rechazo de Jesús por los sectores del judaísmo contribuirá a la entrada de los paganos sin someterlos a una iniciación propia del mundo hebreo. Esta decisión se tomó en el Concilio de Jerusalén y conducirá a una Iglesia constituida por cristianos procedentes del paganismo con la ruptura entre el verdadero Israel y el judaísmo.

martes, 23 de septiembre de 2025

EL EVANGELIO DE SAN MARCOS (V): LA NATURALEZA DEL REINO DE DIOS

 



Puedes leer la introducción aquí y la primera parte de la exposición aquí.

Segunda parte.       Tercera parte

El Dios que ha comenzado a reinar y que Marcos presenta, es un Padre que crea un mundo de hijos que aceptan esta nueva relación paterno-filial con él. Todos somos pecadores, luego la acción divina tiende, en primer lugar, a perdonar los pecados y a transformar el corazón. Esto explica la actuación de Jesús, incomprensible para sus contemporáneos, que en vez de traer fuego sobre los pecadores, trae perdón, come con ellos y los llama a su seguimiento. 

El Reino es una realidad presente y futura. Comienza en este mundo en donde ha irrumpido el tiempo de salvación pero lo trasciende y se consuma en el mundo de Dios. El Antiguo Testamento fue el tiempo de la promesa y con Jesús ha comenzado su cumplimiento. 

Los protagonistas del Reino son Dios y Jesús. Dios es el todopoderoso, el creador del mundo y Jesús se vincula a él de una forma especial y única. Por eso se le atribuye el título de Hijo de Dios, ya que en la tradición judía "hijo" implicaba una elección especial por parte de Dios. 

Marcos muestra también que Jesús tiene un carácter divino viviendo una existencia humana. Por ejemplo, Jesús tiene su nombre histórico; tiene reacciones humanas: se indigna, se sorprende, mira con cariño... ; es el siervo de Yahvé, habla en parábolas para ayudar a comprender y aunque comienza su misión con multitudes, le fueron abandonando, culminando su obra solo, incomprendido y abandonado. A la persona solo se le pide recibirlo, una colaboración que consiste en dejarse transformar por Dios, exige reconocer la propia pobreza y realizar todo aquello que favorece esta relación de filiación y fraternidad.

La proclamación del reino consta de palabras y signos. Los signos que realizó Jesús tenían como finalidad explicar su obra, comenzarla y garantizar su pleno cumplimiento en el futuro. Entre ellos se encuentran los milagros (exorcismos, curaciones y milagros sobre la naturaleza), el perdón de los pecados y las vocaciones en el seguimiento del Señor.

Ante todo esto Marcos subraya la actitud de admiración por parte del pueblo y esto invita al lector a admirarse y a plantearse algunas preguntas: ¿Quién es Jesucristo? ¿Qué es esto que realiza? todo ello como paso previo a la fe.

martes, 16 de septiembre de 2025

LA CRISTOLOGÍA EN LA ESCOLÁSTICA

 


El período de la escolástica se desarrolló durante la Edad Media, principalmente entre los Siglos IX al XIV. Tuvo varias etapas: una primera o temprana, otra de apogeo en el Siglo XIII y la tercera de declive con el surgimiento de la filosofía moderna.

La cristología de la escolástica se caracteriza por una profundización de la doctrina tradicional sobre Cristo mediante el recurso a las categorías aristotélicas. 

Después del Concilio de Constantinopla III (680-681) no se encuentran intervenciones de valor; las reflexiones se habían estancado. Surgió una vuelta a la teología de los misterios de la vida de Jesús pero la lectura del Nuevo Testamento realizada según los criterios de la época carece de perspectiva histórica y comienza a apreciarse la preocupación por un modelo más sistemático.

Mientras que en el periodo de la Alta Edad Media la teología consistía predominantemente en la lectura de la Biblia (lo que se llamó la lectio divina), el estudio de los documentos conciliares y los escritos de los Padres, posteriormente se va a  proceder a una profundización filosófica de la enseñanza de siglos anteriores. Esa profundización la realizarán algunos teólogos mediante la pura razón mientras que otros lo harán con la razón iluminada por la fe. El equilibrio se conseguirá en el periodo de la escolástica cuando se generalice el recurso al segundo procedimiento y se desarrollará también la preocupación sistemática que llevará a intentar una exposición orgánica de la cristología.

Esta preocupación sistemática había aflorado ya en Oriente en el siglo VIII con San Juan Damasceno. Él recapituló la enseñanza cristológica de la tradición ampliando el marco a la historia de la salvación pero en esta teología oriental no se dio una evolución paralela a la de la escolástica sino que habrá un estancamiento que durará hasta el siglo XIV.

En Occidente la doctrina sobre la identidad de Cristo no experimentó un desarrollo sustancial; se profundizó la doctrina de la redención, la del conocimiento humano de Jesús y el motivo de la Encarnación. Destacarán las figuras de San Anselmo y Santo Tomás de Aquino, de las que trataremos más adelante.


Preguntas para comentar:

-¿Por qué crees que la filosofía escolástica intenta armonizar fe y razón?

- ¿Qué importancia tiene la Encarnación dentro del pensamiento escolástico?

Para comentar esta pregunta, consulta la Summa Theologiae, III, q.1 a.1

- ¿Qué elementos de la cristología escolástica pueden seguir siendo significativos hoy? Escoge una cuestión y un artículo de la Parte III de la Summa Theologiae y comenta esta pregunta  con tus palabras.

jueves, 11 de septiembre de 2025

ORIGEN Y FUNDAMENTO DE LA IGLESIA V: LA RESURRECCIÓN DE JESÚS

 


Tal y como estamos viendo en estas entradas, toda la vida de Jesús constituye un proceso histórico que conduce al nacimiento de la Iglesia: El Reino de Dios que es proclamado por Jesucristo, la comunidad de discípulos convocada por él, la institución de los Doce y la última cena fueron elementos determinantes en este proceso que culminó con los acontecimientos de su muerte, resurrección y posteriormente Pentecostés.

Sin embargo, solo se puede hablar de la Iglesia en plenitud después de la muerte de Jesucristo, cuando el grupo de sus discípulos se reúne de nuevo para constituir lo que sería la comunidad cristiana. Es en este momento cuando Jesús se manifiesta como Mesías y Señor y es reconocido como tal por los discípulos, cuando se puede hablar de fe cristiana. Aquí es donde se da el paso del Jesús que predica y proclama el Reino al Jesús que es predicado y anunciado por otros.

Con la experiencia de la resurrección cambia la actitud en los Doce; se convierten en testigos de la resurrección no solo con sus palabras sino también con su vida, porque se han encontrado con el resucitado. Es aquí de donde brota la misión que se les confía de bautizar y hacer discípulos y la dimensión eclesial del anuncio de la resurrección.

Es a partir de la resurrección cuando se reconstruye el grupo de los Doce y comienza la manifestación histórica de la Iglesia. La resurrección es, por tanto, fundamento de la Iglesia porque se hace realidad la fe cristiana, la fe en Jesús como Cristo y señor.

domingo, 7 de septiembre de 2025

EL EVANGELIO DE SAN MARCOS (IV)

 

Puedes leer la introducción aquí y la primera parte de la exposición aquí.

Segunda parte

El Evangelio de San Marcos pretende contar una historia, la de Jesús de Nazaret, pero es una historia a nivel teológico cuya fuente de inspiración es el Antiguo Testamento, especialmente lo que se conoce como el Segundo Isaías o Deuteroisaías (Is 40-55). Lo que crea el evangelista Marcos es una catequesis narrativa donde expone tradiciones sobre la figura de Jesús. Se le puede considerar como el primer catequista cristiano.

Jesús se presenta como "el evangelizador" que proclama el Reino. Marcos utiliza siete veces la palabra Evangelio; para él, el Evangelio es Jesús y su obra, el Hijo de Dios que ofrece la salvación. Jesucristo recibe el Espíritu y Dios le proclama Hijo, Siervo y Profeta. 

Lo primero que Jesucristo realiza es enfrentarse a Satanás y vencerle y su principal acción va a ser despojarse de todo y cumplir las promesas hechas por Dios; el Reino ha irrumpido y hemos de responder con la conversión y la fe.

Otra acción que lleva a cabo Jesucristo es reunir a sus discípulos como símbolo del nuevo pueblo y del carácter comunitario del Reino. Enseña con autoridad mostrando su poder sobre el maligno, liberando a un endemoniado y curando enfermos. El Reino es una fuerza que crea al nuevo pueblo de Dios y destruye la muerte.

lunes, 4 de agosto de 2025

EL CONCILIO DE CONSTANTINOPLA III

 

Después del Concilio de Constantinopla II, la cristología afronta otros problemas como el conocimiento humano en Cristo y la presencia en él de dos voluntades, la divina y la humana, junto con dos naturalezas unidas en una única persona y la perfección de la inteligencia y de la voluntad humana de Jesús.

El conocimiento humano de Cristo se había resuelto en los primeros siglos tanto en Antioquía como en Alejandría. Se admitía que ese conocimiento, debido al rebajamiento del Verbo, tenía que ser limitado. Más adelante esta postura (denominada agnoetismo) fue condenada por el patriarca de Alejandría, Eulogio y por San Gregorio Magno.

Sobre la voluntad humana de Jesús, había muchos pasajes bíblicos que presentaban a Jesús como alguien que toma decisiones, que quiere hacer la voluntad del padre  o que aprende a obedecer a través del sufrimiento y planteaban el problema de una doble voluntad, divina y humana. Se dijo que en Jesús había que admitir una única actividad al mismo tiempo divina y humana. Esto se denominó monoenergismo, pero se abandonó enseguida esta postura porque no resolvía el problema.

Sobre la voluntad de Cristo, se adoptó la posición monotelita, que afirmaba en Jesús una única voluntad, la divina. Pero se fue imponiendo la posición ditelita, que afirmaba en Cristo la existencia de dos voluntades, una divina y otra humana.

La reacción contra el monotelismo comenzó con Máximo el Confesor y el Concilio Lateranense en el 649. Este Concilio afirmó el Símbolo de Calcedonia añadiendo que en Cristo hay "dos voluntades, la divina y la humana y dos actividades naturales, la divina y la humana de modo que él quería y realizaba nuestra salvación a la vez de modo divino y humano”. Aquí se presentan las dos naturalezas del Concilio de Calcedonia y una afirmación relativa al obrar concreto de Jesús, que afronta la pasión y la muerte por nuestra salvación.


El Concilio de Constantinopla III  (681) promulgó conclusiones a modo de compendio de la enseñanza cristológica de los concilios precedentes; las dos voluntades de Cristo “no son contrarias y que la humana está sujeta a su voluntad divina y omnipotente”.  Aún así los problemas no se resolvieron del todo pero en la Iglesia se había encontrado ya una formulación común que servirá de plataforma para otras profundizaciones. 

Este consenso durará casi un milenio hasta que con los cambios sociales y culturales se vea necesario volver a las fuentes bíblicas y patrísticas para reformular y enriquecer la enseñanza cristológica, para responder mejor a los interrogantes del hombre moderno.

sábado, 2 de agosto de 2025

ORIGEN Y FUNDAMENTO DE LA IGLESIA IV: LA ÚLTIMA CENA

 


La última cena se considera una etapa muy importante dentro del proceso de constitución de la Iglesia puesto que hay una estrecha relación entre la Iglesia y la cena del Señor, celebrada por las primeras comunidades cristianas según el mandato del propio Jesús. Por ello, hay algunos autores que consideran la última cena como un verdadero acto fundacional de la Iglesia.

La última cena no se puede considerar una comida en el sentido amplio del término; según el testimonio de San Pablo en 1 Cor 11,28, insiste sobre la necesidad de examinarse antes de participar en la cena, para poder comer dignamente el cuerpo y la sangre del Señor.

Hay cuatro relatos de la cena en el Nuevo Testamento: en Mateo 26, Marcos 14, Lucas 22 y Primera Carta a los Corintios 11. Todos ellos coinciden en lo esencial, lo que corrobora el sentido de la última cena del Señor.

En la cena Jesús relaciona sus palabras y sus gestos con su propia persona, que se encuentra ante su muerte inminente; identifica el pan y el vino con su cuerpo y su sangre y de esta forma vincula la cena con su muerte interpretándola como sacrificio por muchos y como comunión con él, una comunión que supone la participación en su vida.



Las palabras y los gestos realizan simbólicamente su propia muerte y el establecimiento de la Nueva Alianza. La alianza del Sinaí se pactó entre Dios y su pueblo mediante un sacrificio y el sacrificio de Jesús se ofrece como mediación en el momento del nuevo pacto entre Dios y los hombres. La celebración de la Pascua judía era la renovación de la alianza primitiva, que en la última cena queda sustituida por la Nueva Alianza. A diferencia de la antigua, esta Nueva Alianza representa un tipo de relación con Dios no basado en una ley externa sino fundado en el corazón. Por tanto, el antiguo pacto y su sustitución por otro es algo nuevo no solo en el tiempo sino también en el contenido.

La cena de Jesús celebra la liberación y la alianza pasadas y hace presente la salvación realizada en su propia vida y muerte y apunta hacia el acontecimiento de la llegada del Reino de Dios; da origen a un nuevo pueblo capaz de pactar con Dios de un modo nuevo. Jesús ha pensado en una comunidad de creyentes unidos a él más allá de su muerte, ha querido llamar a la comunión con él y hace a sus discípulos partícipes de la salvación.

Los discípulos representan a la comunidad que entrará en el Reino de Dios, que surge gracias a la entrega que Jesús hace de sí mismo. Por tanto sus discípulos son aquellos que están dispuestos a participar de su destino y a continuar su misión después de su muerte, anunciando la buena noticia del Reino y sirviendo a los hermanos con una disposición y entrega totales.